Josefina pretendió engañar a los muchachos del ITAM hace unos días. Actuando como una vendedora, quiso adormecer la razón de sus jóvenes oyentes para emancipar de ella a la imaginación y llevarla al nivel de la fantasía y el sueño, para de ahí echarlos al saco de sus palabras dulces. No sabemos si le habrá rendido frutos la jugada y los muchachos del ITAM le compraron sus acciones chatarra. Pero si no, si los efebos no le compraron en esta ocasión, creo Antonio Solá debiera pensar mejor su siguiente jugada en el tablero de los jóvenes. En el…
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