La democracia está inflamada de fantasías. Está muy sobrevalorada por el venenoso influjo de la retórica poética en labios de los políticos populistas. Es gracias a esa retórica fantástica que le adjudicamos a la democracia, a golpe de febril imaginación, virtudes que no posee por sí misma, que exceden sus posibilidades, para desde ahí perder de vista que la misma solo está en condiciones de garantizar dos cosas básicamente: Que los ciudadanos ejerzan su capacidad de elección en el terreno de la política, y la posibilidad de que, en determina…
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